Llegó desprendiendo un frío insoportable. Su llamada me había despertado de un sueño profundo y mientras ella se adentraba por el pasillo yo todavía me hallaba en un estado de sopor. No decía nada y yo la miraba sin entender.
Estaba enferma de frío. Una enfermedad propia, que un día decidimos inventar. Se sentó en una silla y le ofrecí un chocolate caliente, que era una parte de la cura. Yo me serví otro.
Permanecimos callados durante todo el proceso, mirándonos a los ojos. Su mirada entonces se hizo cálida, pero su cuerpo continuaba atenazado.
-El frío –dijo.
-Ya.
La acompañé a la cama y la desvestí. Ella, enferma como estaba, guardó una posición fetal. Pero ya habíamos pasado por eso. Pasé mi mano por su frente, primero, y noté cómo la tibieza se apoderaba de ambos. Y luego bajé hasta el cuello y comencé a frotar cada parte de su piel. La fricción era la cura definitiva. Se fue destensando y estiró las piernas. Por último, mi palma rozó las plantas de sus pies. Rió tímidamente en una reacción inevitable. Estaba curada.
A la mañana siguiente había desaparecido. Me dejó un par de arrugas en su lado de la cama y el desayuno hecho. Entonces sentí un escalofrío.
Estaba enferma de frío. Una enfermedad propia, que un día decidimos inventar. Se sentó en una silla y le ofrecí un chocolate caliente, que era una parte de la cura. Yo me serví otro.
Permanecimos callados durante todo el proceso, mirándonos a los ojos. Su mirada entonces se hizo cálida, pero su cuerpo continuaba atenazado.
-El frío –dijo.
-Ya.
La acompañé a la cama y la desvestí. Ella, enferma como estaba, guardó una posición fetal. Pero ya habíamos pasado por eso. Pasé mi mano por su frente, primero, y noté cómo la tibieza se apoderaba de ambos. Y luego bajé hasta el cuello y comencé a frotar cada parte de su piel. La fricción era la cura definitiva. Se fue destensando y estiró las piernas. Por último, mi palma rozó las plantas de sus pies. Rió tímidamente en una reacción inevitable. Estaba curada.
A la mañana siguiente había desaparecido. Me dejó un par de arrugas en su lado de la cama y el desayuno hecho. Entonces sentí un escalofrío.